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La Iglesia de Sardis, la Iglesia de las Apariencias

Sardis significa “Príncipe de alegría” o “Príncipe de júbilo”, pero según comprendemos en Apocalipsis 3, esa alegría o júbilo no procedían del Señor sino que del pecado, pues el Señor Jesús le dice “Tienes nombre de que vives, pero estás muerto.”; es decir que Sardis era/es la Iglesia/cristiano de las apariencias, aparenta delante de los hombres lo que no es delante de Dios.

Ahora bien, el punto que queremos subrayar hoy es una de las advertencias que el Señor le hizo a esta iglesia “El que venciere [...] no borraré su nombre del libro de la vida“; que terrible situación en la que ha caído la iglesia/cristiano de Sardis, pues ha llegado al extremo de correr el peligro de que su nombre sea borrado del libro de la vida; es decir el nombre de todos aquellos que no sean vencedores.

La Iglesia de Sardis, la Iglesia de las Apariencias o el cristiano de las apariencias, corren el peligro de que su nombre sea borrado del libro de la vida; por ellos comprendemos el porqué el Señor maldijo a la higuera que, aparentaba tener fruto, pero no los tenía….

El cristiano no puede/debe vivir aparentando delante de los hombres lo que no es delante de Dios, debe buscar el arrepentimiento y correr en búsqueda de ayuda, para ser vencedor y que su nombre no sea borrado del libro de la vida.

¿Entiendes lo que lees? (II)

El sujeto, el verbo y el predicado

Se debe prestar atención el sujeto; es decir encontrar y entender el asunto, materia, tema, evento, persona, etc., sobre el que está escrito en el texto.

Se debe encontrar el verbo; es decir ubicar y entender la acción o el estado del sujeto sobre el que está escrito en el texto.

Se debe ubicar el predicado; es decir que hay que encontrar y comprender lo que se afirma del sujeto en el texto que se está leyendo.
Hay que re-leer

Durante el proceso de lectura se presentarán momentos en que tendremos que re-leer determinados párrafos, páginas o capítulos, pues el objetivo es comprender y sacar el mayor provecho de lo que leemos.

Hay que subrayar

Durante la lectura ayuda mucho subrayar las ideas principales del texto, éstas se encuentran en los sujetos, verbos y predicados que se han escrito.

Es de ayuda utilizar colores y tipos de subrayado (línea, doble línea, linea punteada, cuadros, etc.), para clasificar y ubicar las ideas, eventos o aquello que nos parece importante.

El tiempo y lugar para leer

Se debe hacer el tiempo necesario para la lectura de las Escrituras; el tiempo debe ser continuo y no esporádico para no estar en la situación de aquellos a los que el Señor les preguntó “¿No habés leído?”.

Se debe encontrar el lugar adecuado, en cuanto sea posible debe ser un sitio, tranquilo, libre de interrupciones y donde exista el menor número de distracciones posibles.

La concentración es muy importante porque ayuda a formar el habito de concentrarnos en la lectura.

La apertura del entendimiento

En los temas anteriores citamos valiosa información para alcanzar una lectura comprensiva; sin embargo, dado que estamos buscándo la comprensión de la Biblia, que es el único libro que contiene los escritos inspirados por Dios, necesitamos de su ayuda para poder comprenderla.

En ese sentido en Lucas 24:44 al 45 leemos: “Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras.”; esta cita es eviencia de que, para poder compreder las Escrituras, primero se requiere de que el Señor Jesús abra nuestro entendimiento.

Ahora bien, la comprensión de la Biblia, no debe quedar únicamente en nuestra mente, como cualquier otro conocimiento, sino que debe bajar al corazón, para que demos mucho fruto para el Señor y restaure, libere y tranforme cada vez nuestra vida (Mt. 13:15; 23)

El despertar del entendimiento

En 2 Pedro 3:1 al 2, leemos “Amados, esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento5, para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles.”

Los versos de 2 Pedro citados muestran que hay quienes no entienden las Escrituras porque su entendimiento está dormido y por ello necesitan que éste sea despertado, levantado, animado y estimulado por el Señor, a travéz de la misma lectura de la Biblia y la ministración apostólica, para que salgan del sueño y así puedan entender las Escrituras. En Lucas 8:24 leemos que cuando el Señor Jesús despertó, reprendió al viento y las olas y éstos le obedecieron; es decir que cuando se desperita el entendimiento del cristiano, éste puede actuar con el poder de la Palabra del Señor. (Lc. 8:24)

Tomado del libro titulado “¿Entiendes lo que lees?”, para leerlo y/o descargarlo visita:
http://ebenezervillanueva.org/estudios/Entiendes-lo-que-lees-v1.pdf

¿Entiendes lo que lees? (I)

[...] Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar, volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías. Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro. Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees? El dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? [...]. Hechos 8:27-33 Reina Valera 1960

El pasaje anterior muestra el ejemplo del funcionario etíope que, después de adorar, regresaba a su ciudad leyendo al profeta Isaías; sin embargo, no lograba comprender su contenido.

El etíope y el intérprete de la ley, son dos ejemplos del inconveniente de la falta de comprensión en la lectura de las Escrituras; por consiguiente vemos que no es suficiente con leer la Biblia, sino que también hay que comprenderla.

Debemos ser conscientes de la importancia de la pregunta que hizo Felipe “¿Entiendes lo que lees?”, pues de lo contrario también podríamos responer de forma negativa; es decir que podríamos estar leyendo la Biblia, pero sin comprenderla.

Ahora bien, si ponemos atención al pasaje del libro de los Hechos, entendemos que uno de los mayores beneficios que obtenemos al comprender las Escrituras es conocer cada vez más al Señor Jesús y crecer en obediencia a él, como ocurrió con el etíope que conoció y creyó en el Señor y le obedeció al bautizarse en agua.

En el asunto que nos ocupamos en este libro hay dos aspectos necesarios para comprender la lectura de las Escrituras, el espiritual y el pedagógico. Para plantear de mejor forma nuestro aporte para la comprensión de la Biblia, primero abordaremos los aspectos pedagógicos y luego el espiritual.

Tener y conocer los objetivos

Esto es saber para qué, con qué fin, qué queremos alcanzar u obtener con la lectura del texto asignado o elegido. Entender los objetivos es importante porque influyen en el grado de comprensión del texto, pues las personas toman actitudes distintas hacia el texto que leen, según los objetivos que quieren alcanzar.

Además, los objetivos establecidos para la lectura deben ser razonablemente alcanzables por los lectores.

Mientras mayores, mejores o más claros sean los objetivos, mejor será la comprensión del texto que se lee.

Tener y conocer los propósitos

Esto es saber por qué, cual es la intención de la lectura del texto asignado o elegido; en otras palabras hay que encontrarle sentido a la lectura que realizamos; pues debemos saber porqué el texto nos ayuda, mejora, beneficia o satisface. Es decir que, encontrarle sentido a la lectura del texto, se refiere a saber por qué debo leer y por qué ese texto en específico.

En conclusión, mientras conozcamos de mejor forma el por qué debemos leer, por qué debemos leer el texto; mientras le encontremos mayor sentido a la al lectura del texto, mejores serán los beneficios de su comprensión.

La motivación

La lectura será motivadora si tenemos lo objetivos claros y éstos son alcanzables, y demás comprendemos el por qué debemos leer. Cuando el contenido del texto que se lee se conecta con los intereses de la persona será un importante factor motivador.

Es decir que la motivación es necesaria para que la persona no pierda el interés durante la lectura del texto y no la abandone, sino que sabieno el por qué, siempre esté dispuesto a continuar para alcanzar los objetivos.

Los expertos en asuntos cognitivos de la lectura agregan otros elementos que ayudan a alcanzar una lectura comprensiva, como tener la voluntad para leer, es decir, hacerlo voluntariamente y por obligacion, imposición, etc. También se agrega que para lograr una lectura comprensiva debemos interesarnos en el texto que leemos, es decir que debemos querer leer lo que estamos leyendo.

Conocer información relacionada al texto

Previo a la lectura, es de mucho valor tener conocimientos relacionados con el texto a leer, el autor, el tema del que habla, su propósito al escribir, la fecha de publicación del documento, el lugar donde fue publicado, etc.

La lectura preliminar

Esta lectura consiste, por ejemplo, en leer el prólogo, el índice para saber los temas que se abordan en el texto; se leen párrafos aleatorios según nos interesa conocer de qué habla el texto.

Tomado del texto titulado ¿Entiendes lo que lees?

http://ebenezervillanueva.org/estudios/Entiendes-lo-que-lees-v0-9.pdf

¿Cómo lees?

Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?, El le dijo:¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Lucas 10:25-27 Reina Valera 1960

En el Evangelio de Lucas leemos que parte de la respuesta que el Señor Jesús le dio al intérprete de la ley fue ¿cómo lees?. La pregunta que le hizo el Señor ya no es “¿no habés leído?” como a las personas que se citaron en la sección anterior, sino que es ¿cómo lees?.

Es decir que ahora el inconveniente ya no es la falta de lectura de la Biblia, sino que no se lee de forma adecuada. El ejemplo citado hace evidente la necesidad e importancia de que la persona conozca cómo leer la Biblia.

En el idioma griego “cómo”, también significa “¿En qué forma?, ¿de qué manera?”1

Ahora bien, a fin de encontrar los niveles, tipos o métodos de lectura que respondan satisfactoriamente a las preguntas: ¿Cómo lees?, ¿en qué forma lees? y ¿de qué manera lees?, revisaremos algunos de los niveles, tipos o métodos que los expertos y/o autores de la materia han identificado; cabe indicar que no todos ellos coínciden en la clasificación de los mismos; sin embargo, proporcionan informacion valiosa a fin de identificarlos.

Para los propósitos de éste material citaremos los tres niveles aceptados por la mayoría y los cinco tipos de lectura mayormente identificados.

Lectura decodificada
Corresponde al primer nivel de lectura. En esta lectura la persona identifica y decodifica mecánicamente los rasgos, signos o caracteres escritos, uniendo palabras, frases y oraciones; sin embargo, no comprende el contenido del texto que lee.

A este tipo de lectura también se le llama analfabetismo funcional, pues la persona no logra comprender el contenido de los textos que lee.

Según diversos investigaciones y estudios realizados en distintas partes del mundo, éste es el nivel de lectura que la gran mayoría de las personas logra alcanzar.

Lectura en voz alta u oralización de la lectura
Aunque generalmente se ha identificado como un tipo de lectura, no se trata de una situación de lectura, sino más bien es una variante de la comunicación basada en la lectura. En este caso no es el texto el que se comunica, sino la lectura que el lector ha hecho de éste. Sin embargo hay que tener en cuenta que para oralizar hay que saber leer.

Lectura literal o superficial
La lectura literal corresponde al primer nivel. En este tipo de lectura la persona logra identificar algunas ideas del texto que lee; sin embargo, tampoco logra comprender su contenido; además, la persona puede decir o citar qué es lo que dice el texto, pero no comprenderlo.

Uno de las características de este nivel de lectura es que la persona no se compromete con el texto, lo lee superficialmente sin apropiarse de su contenido, que no penetra en su comprensión mental y no deja huella significativa en él.

Lectura comprensiva
Esta lectura corresponde a un segundo nivel. En esta la persona comprende el contenido del texto que lee, valorando su contenido; la persona permite que la información que va adquiriendo en la lectura transforme su conocimiento.

Esta lectura se realiza para para entender el texto; para lo qye se debe analizar y comprender el significado del vocabulario, de los signos de puntuación y de las ideas centrares y complementarias.

En términos generales, en este nivel de lectura comprender es interpretar, asociar, recordar, intuir, involucrarse plenamente con los saberes del autor y los propios. [1]

Para que la persona alcance este nivel se han realizado muchos estudios e investigaciones que propocionan información que dan consejos, pautas y estratégias para lograr una lectura comprensiva.

Es a este tipo de lectura que también nosotros dedicamos este material.

Lectura crítica
Tiene por objeto valorar la información que proporciona el texto. En este tipo de lectura se aplica el juicio crítico de la persona para determinar la fuente, el lenguaje, tono, propósito del autor, así como identificar las falacias, generalizaciones, etc.

En este tipo de lectura se suele discutir razonada y sistemáticamente la obra en cuestion. La lectura crítica permite al lector rechazar o aceptar lo que el autor expresa en su obra, después de hacer una reflexión sobre el tema expuesto. [2]

Otra característica de este nivel de lectura es que la persona logra retener lo util y desechar lo no util, integrar la información a sus conocimientos previos.

Lectura interpretativa
Se desentraña el sentido de lo que se lee y además se da una explicación personal en torno a ello. Este tipo de lectura permite comprar la información y extender el conocimiento más allá de lo leído en el texto. Cuando se lleva a cabo una interpretación se obtiene el nivel más alto de la lectura, que es el tercer o nivel. [3]


Tomado del texto titulado “¿Entiendes lo que lees?” escrito por Juan Antonio Vásquez/laDoctrina.org

¿No habéis leido?

Viéndolo los fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo. Pero él les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre; cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban, sino solamente a los sacerdotes? ¿O no habéis leído en la ley, cómo en el día de reposo los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo, y son sin culpa? Mateo 12:2-5 Reina Valera 1960

En el Nuevo testamento encontramos ejemplos de personajes que tentaron al Señor Jesús con preguntas respecto a la ley y su aplicación a la vida diaria. En varios de esos casos la respuesta del Señor evidenció la falta de lectura de las Escrituras de quienes le preguntaron, pues les preguntó: “¿O no habéis leído en la ley [...]?”, “¿No habéis leído que [...]?”, “¿Nunca leísteis [...]”?, “¿Nunca leísteis en las Escrituras [...]?”, “¿No habéis leído lo que os fue dicho [...]?” (Mt. 12:1-4; 19:1-5; 21:14-16; 21:41-42; 22:29-32; 24:13-15)

Las citas anteriores son ejemplos de los errores que puede cometer el cristiano en la interpretación y aplicación de las Escrituras como consecuencia de no leerlas o no entenderlas. Exiten más ejemplos, pero solo mencionaremos el caso de David cuando llevó el arca del pacto sobre una carreta nueva halada por vacas, lo que resultó en la muerte de Uza (2 S. 2:6-7)

Ahora bien, como hemos visto, el asunto principal de esta situación es la falta de lectura de la Biblia y sus negativas consecuencias. En ese sentido, de acuerdo a los datos del sitio lecturaBiblica.org, a enero de 2012, de 610 personas que leen la Biblia el 62% son hombres y 38% mujeres; de los hombres la mayoría comprenden de 35 a 39 años; de las mujeres, la mayoría comprenden de 33 a 47 años.

Aunque la muestra utilizada es reducida, estos datos muestran que son más los hombres que las mujeres que leen la Biblia y en ambos casos se evidencia que es menor la cantidad de jóvenes quen la Biblia.

Por ello es una necesidad básica del cristiano la lectura de la Biblia, no por mero requisito, fuerza u obligación; sino por la necesidad y el deseo de saber y comprender lo que el Señor  dejó escrito; a fin de creerlo, no ser engañado, practicarlo y que su vida sea restaurada, liberada y transformada constantemente.

Nota: Tomado del ensayo titulado “¿Entiendes lo que lees?” elaborado por Juan Antonio Vásquez